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“Si el viaje no te cambia un poco por dentro, es que solo has ido a ver, un lugar por fuera”
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“Si el viaje no te cambia un poco por dentro, es que solo has ido a ver, un lugar por fuera”

Tres meses podría parecer espacio de tiempo, relativamente suficiente, como para que los recuerdos comenzasen a perder intensidad, pero  mi memoria, repleta de imágenes en modo “ramdon”  parece no tener intención de permitir que esto suceda, por ello aprovecho para compartir, pequeñas pinceladas de un viaje que marcará “un antes y un después” para mi

Tres meses hace ya de nuestro regreso…en el que tres “desconocidos” y una amiga en común nos embarcamos en esta aventura y creo poder hablar en nombre del grupo, cuando digo que la decisión de confiar nuestro “bautismo safari”  en Moshi Maasai Experience   ha sido sin duda uno de nuestros mayores aciertos.

Nuestra “pequeña manada” la componíamos Naty, amiga y compañera de aventuras y locuras varias, nexo de unión y localizadora de Masaai Moshi Experiencie y María, Isaac y yo, que nos conocimos en la sala de espera de un hospital, el mismo día del “chute” de las vacunas. Allí supe que el 50% del éxito del viaje estaba asegurado y no me equivocaba. Respeto, buena predisposición y buen rollito  fueron las notas predominantes de todo el trayecto y clave para que todo fluyese en completa armonía.

El otro 50% del éxito dependía del trabajo y buen hacer de  Moshi Masaai Experiencie, pequeña empresa local creada por dos jóvenes emprendedores con la intención de llevar un concepto diferente y responsable al turismo de aventura,  y sólo puedo decir “Chapeau”!!

Durante meses previos al viaje, Iñigo, uno de los dos socios fundadores de esta pequeña empresa, permaneció  en contacto constante con nosotros a través de e- mail y Skype, resolviendo y atendiendo todo tipo de dudas y consultas (algo que nos dio  una mayor confianza a la hora de emprender un viaje de este tipo)  para intentar crearnos un itinerario personalizado y de acuerdo con nuestro presupuesto, gustos y posibilidades. El resultado: El tío “Lo petó”!!!

El viaje consistió en seis días de safari por los principales parques: Taranguire, Lago Natron, Serengueti y Area de conservación de Ngorongoro ; un séptimo día de excursión al Lago Chala, relax y cena en restaurante molón y el octavo y último día (no por ello menos intenso) de excursión a las cataratas Materuni, comida local, compritas de recuerdos varios en Moshi y lamentablemente la despedida y cierre de un capitulo inolvidable.

El equipo que nos acompañaba estaba integrado por:

Iddy, “El Driver”, que conduce hábilmente sobre todo tipo de superficies y mientras, en medio de la nada más absoluta, teniendo como referencia el único arbustillo en doscientos km a la redonda, es capaz de  localizar  un guepardo agazapado en la maleza a dos km sudeste, el cual tú no eres capaz de distinguir ni a cinco metros, aun poniendo todo tu empeño y los sentidos en “modo on” , sólo tras muchas indicaciones y paciencia descubres que la agudeza visual de este hombre es…un tema paranormal!, así como se ocupaba, todos y cada uno de los días que llegábamos y partíamos del camping, de cargar y  descargar el material, y lo que se me antoja más complicado, ingeniárselas para acomodarlo en los pocos y reducidos espacios libres que quedaban en el vehículo , tarea de ingeniería cuántica avanzada, además de ocuparse del  montaje y desmontaje  de las tiendas. Me vienen a la cabeza unas cuantas ocupaciones más pero creo que cualquiera, a estas alturas ya se puede hacer  una idea de las muchas cualidades del muchacho.

Ngalelo, “El Chef”;  además de ayudar a  Iddy con carga, descarga y montaje de tiendas, llevaba el tema del abastecimiento de alimentos, acondicionado de las distintas instalaciones con los diversos “artilugios”de cocina que transportábamos y que magistralmente utilizaba para la elaboración de sabrosos desayunos, comidas y cenas (el tema de la pizza sin horno o las palomitas sin micro está considerado “material clasificado”). Uno de los últimos en acostarse y de los primeros en levantarse y aun así, después de todo lo descrito, el chiquillo le daba una vuelta de tuerca a la de por sí ya, profesional labor  y nos obsequiaba  con un “plus”; se tomaba la molestia de cambiarse para servir la mesa y nos deleitaba  con su chaquetilla y gorro chef de un blanco impolutos para posteriormente presentarnos  los platos que íbamos a degustar. Desde el primer día que  nos sorprendió con su amplia sonrisa y “uniforme” impecable  nos cautivó.. “pa comérselo” vamos !.

Iñigo,” El Artífice” guía-acompañante, coordinador, traductor-intermediario,….y un puñado de cosas más, un apasionado de su trabajo capaz de contagiar su entusiasmo por el entorno y hacer que la experiencia transcurra  relajada, emocionante y segura. Todo un embajador de los lugares que visitamos, sonrisa y positividad, cuyo grito de guerra mañanero (” venga chicos que hoy lo petamos”) nos aclimataba para el devenir del  día.

Mencionar también a Wilson guía perteneciente a la tribu masaai que nos acompañó por una pequeña ruta a través del cauce del río  Ngarasero y través del lago Natron  e Isaac guía local que nos acompañó al Lago Chala y a las cascadas Materuni.

La mayor parte de los recuerdos que atesoro sobre el viaje, se generaron a golpe de vista. Intentas atrapar los momentos más valiosos para que el corazón los atesore y los mime, como consecuencia el viaje perdura más allá de su término; Pero por  mucho que me esfuerce, no hay descripción,  fotografía ni “Lonely planet” de turno que pueda transmitir todas las sensaciones vividas, además de que un mismo viaje tiene significados diferentes según para quién y según cuando, porque como explicar la sensación que sientes cuando pasada la primera noche despiertas  en Moshi, sales a la terraza y te encuentras dándote los buenos días al mismísimo Kilimanjaro, “la cima” de África.

O el subidón de adrenalina que sientes, cuando tras apenas cruzar las puertas del primer parque visitado, comienzas a ver los primeros animales, y tu dedo índice cobra vida propia y comienza a señalar a todo bicho viviente combinando dicha tarea  con la de  pulsar  compulsivamente el disparador de la cámara fotográfica, así, como si no hubiese un mañana.

Animales, que decir, “los cinco grandes” (leones, elefantes, búfalos, rinocerontes y leopardos, en una época, las piezas más cotizadas por los cazadores) y “unos cuantos” más, igual de impactantes para cualquier ser humano, guepardos, hienas, impalas, cebras, gacelas Thomson ,nús, mangostas , babuinos, marabúes, avestruces, hipopótamos, cocodrilos..y un largo etc..todos los imaginados y más, ninguno faltó a la cita.

Otras de las cosas que me dejó fascinada es la facilidad con la que uno se traslada de escenario. La variedad y el contraste de paisajes. Como es posible que tanta diferencia de entornos sea viable en espacios relativamente tan cercanos. Tan pronto te encuentras  un día deambulando por una atmósfera lunar  como al día siguiente  rodando por infinitas llanuras  plagadas de color o a las puertas del Edén dónde la densa vegetación deja espacio  para que la vida animal campe a sus anchas.

En fin, como comenté son muchos y muy variados los instantes que me marcaron en este viaje y no hay espacio, ni tiempo, ni dispongo de la habilidad necesaria para mostrarlos  de forma efectiva, pero me gustaría mencionar dos lugares mágicos fuera de los intesos días de safari.

Por una lado, el lago Chala, situado en el interior del crater de un antiguo volcán, dónde pudimos bañarnos y pasar una tarde de lo más reparadora .

Y por otro el trekking a la  cascada  Materuni  un impresionante salto, de agua  cuya espectácularidad pude apreciar desde diferentes perspectivas, cada cual más” interesante.”

Asanteni sana ;

“Cada día hay un amanecer y un atardecer y tu puedes decidir estar presente” – “Wild.”

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